¿Otra cerveza Raubritter? preguntó Amaro, levantándose de la mesa.
"Solo si me cuentas otra historia." La mujer entrecerró los ojos, con una sonrisa pícara asomando en sus labios. "Y esta vez, pásame una botella bien fría."
Amaro dejó una botella fresca frente a ella con un golpe seco. El líquido dorado se agitó contra el cristal como un mar embravecido.
"¡Ah, tengo justo lo que buscas! La historia de una mujer que, en una ocasión, derrotó a un gólem ella sola, mientras aún estaba empapada en la sangre de sus camaradas."
"Suena a una criatura brutal y trágica."
"Bueno, es conocida por ser resistente y feroz cuando la provocan. Tiene un carácter muy marcado: a veces desafiante, otras veces capaz de perdonar. Pero, una vez que te ganas su confianza, permanece a tu lado cuando los demás huyen."
Ella arqueó una ceja.
"Con el tiempo, terminó liderando una expedición a la isla de Ada por encargo de su rey, Kesar el Joven. Por desgracia, al acercarse a la isla, el Arrecife del Diablo estuvo a punto de destrozar el Emmanuelle, el buque insignia de Bounac."
Suspirando, su mirada se perdió en la lejanía. "¡Qué maravilla era aquel barco! Con sus velas hinchadas por el viento sobre el azul infinito. El orgullo de Bounac."
"Aquel accidentado desembarco fue un mal presagio de lo que estaba por venir" continuó Amaro, con un tono cada vez más sombrío. "La capitana se adentró en un sistema de minas junto a sus mejores soldados: los Lanceros Verdes. La mayoría no salió con vida. Algunos dicen que murió como una heroína, luchando contra un mal desconocido. Otros aseguran que perdió la razón y, presa de un frenesí como si estuviera poseída, masacró a sus propios hombres."
La mujer apretó los labios. Sirvió la cerveza fría en su jarra, la sostuvo a contraluz y dio un buen trago. El líquido brillaba con un tono dorado casi idéntico al de su cabello rubio bajo la luz del atardecer.
"Nadie sabe a ciencia cierta qué le ocurrió. Pero, últimamente, corre el rumor de que una gata callejera merodea por los callejones oscuros y los rincones sombríos de Bounac, olfateando en busca de cualquier pista. Al parecer, tiene un escondite bajo el asentamiento, donde intenta desenmarañar los hilos de una trama siniestra, dando caza al ser malvado que atacó su mente en la isla de Adaea. Busca, en secreto, guerreros curtidos en mil batallas dispuestos a seguirla hasta el Macizo de Ónice: un páramo de rocas abrasadoras y ríos de lava fundida, dominado por un imponente volcán que escupe fuego y ceniza hacia el cielo. Según sus fuentes, su némesis está utilizando fragmentos de luna caídos en ese lugar para construir y equipar un ejército cada vez mayor. Obstinada y recta como siempre, está decidida a arrancar de raíz el mal que allí se gesta, sin importar el precio."
Su compañera soltó una breve carcajada y negó con la cabeza, incrédula. "¿Quién te ha contado todo eso, Jehan? ¿Acaso mientras comprabas tu provisión semanal de baguettes frescas? ¡Parecéis dos viejas lavanderas cotilleando!."
"Bueno, puede que Onfroi soltara alguna que otra pista", admitió Amaro con una sonrisa algo avergonzada. "Y ya sabes que tomo el té con el teniente Gaultier una vez al mes. Por desgracia, en el manicomio de Hushwell no me permiten visitar al pobre hombre más a menudo."
La sonrisa de ella se desvaneció. Miró a Amaro; tras su expresión impasible, se arremolinaban la determinación y la desesperación.
"En su día fue un gran soldado. Todos lo fueron. Los conocía a todos, Amaro. Sus esperanzas, sus manías, sus vidas".
Su voz se volvió firme. "Nada se olvida. Nada se olvida jamás. Serán vengados".
Amaro le sostuvo la mirada, con una expresión que se suavizó.
"Sé que así será, Marie. Sé que así será".
Próximamente: Daily refreshment!
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